Personalidad · 3 min de lectura
La razón por la que algunas personas necesitan estar solas
No es timidez, ni tristeza, ni que les caigas mal. Para algunas personas, estar a solas es la manera de volver a su nivel normal.
Cada cerebro tiene su punto de activación
La teoría más conocida es de Hans Eysenck. Propuso que las personas introvertidas parten de un nivel de activación cerebral más alto, de modo que una fiesta con música y diez conversaciones cruzadas las satura pronto. Las extrovertidas parten de más abajo y buscan estímulos para sentirse bien.
Investigaciones posteriores añaden otro matiz: el sistema de recompensa de los extrovertidos responde con más intensidad a la novedad social. Lo que a unos les da energía, a otros se la cuesta. Ninguno de los dos funciona mal. Tienen el termostato puesto en un punto distinto.
Introversión no es timidez
Se confunden a menudo y son cosas diferentes. La timidez es miedo a que te juzguen: quieres acercarte y algo te frena. La introversión es una preferencia: puedes hablar en público sin problema y, aun así, necesitar una tarde tranquila después.
Hay introvertidos muy sociables y extrovertidos tímidos. Tampoco son dos cajas cerradas. La mayoría de la gente está en algún punto intermedio y cambia según el día, el cansancio y la compañía.
Soledad elegida y soledad impuesta
La diferencia clave no está en cuánto tiempo pasas solo, sino en si lo has elegido. La soledad impuesta duele y se asocia con peor salud. La soledad elegida hace algo distinto: baja el volumen emocional.
El efecto de desactivación
15 min
El mismo estudio encontró una condición: el efecto era positivo cuando la persona vivía ese rato como algo propio, y no como un castigo o una obligación.
Qué hace el cerebro cuando estás a solas
Estar sin hacer nada no significa que el cerebro descanse. Cuando no atiendes a nadie ni a ninguna tarea, se activa una red de regiones que se ocupa de ordenar recuerdos, dar sentido a lo vivido y pensar en lo que viene. Algunos investigadores sostienen que ese tiempo es necesario para consolidar lo aprendido y para entender las propias emociones.
Por eso mucha gente tiene sus mejores ideas paseando sola o fregando los platos. La conversación constante, por agradable que sea, no deja hueco para ese trabajo de fondo.
También existe la falta de soledad
Igual que hay un malestar por pasar demasiado tiempo solo, hay otro por pasar demasiado poco. El psicólogo Robert Coplan lo llama aloneliness: irritabilidad, cansancio y sensación de no poder pensar con claridad cuando no consigues tus ratos propios.
Quien lo vive no rechaza a los demás. Necesita ese rato para procesar lo vivido, ordenar ideas y volver con ganas. Si convives con alguien así, verás que después de una hora a su aire está más presente y de mejor humor.
Cómo saber cuánta necesitas
No hay una cifra válida para todos. Sirve fijarse en las señales: si tras varios días de mucha vida social estás irritable, te cuesta concentrarte y cualquier plan te parece una carga, probablemente te falta tiempo propio. Si llevas días solo y notas apatía, vueltas a lo mismo y pocas ganas de nada, te falta gente.
Y no hace falta ser introvertido. Casi todo el mundo se beneficia de un poco de tiempo a solas. Lo que cambia de una persona a otra es la dosis.
Cuándo preocuparse
Preferir la soledad es un rasgo. Aislarse es un síntoma. Si alguien deja de ver a personas con las que antes disfrutaba, pierde interés por casi todo o evita el contacto por miedo, lo que hay detrás puede ser depresión o ansiedad, y merece una consulta profesional.
Fuentes
Eysenck (1967); Depue y Collins (1999); Nguyen, Ryan y Deci (2018); Immordino-Yang y cols. (2012), «Rest is not idleness»; Coplan y cols. (2019).